Castañas, un alimento esencial en invierno

Con la llegada del otoño las hojas se caen, el frío acecha y nuestra ropa se empapa del olor de la castaña asada. Y esa es la mejor señal para dar comienzo a la temporada de chimenea y manta.

Una temporada de castañas acompañada de momentos en los que no pueden faltar el ácido fólico, las vitaminas E y B, minerales como el fósforo, el calcio, el potasio o el hierro. Y las calorías, mejor, las dejamos para Navidad, porque las castañas, si de algo carecen, es de ácidos grasos.

Este fruto seco de orígenes confusos y contradictorios fue una fuente básica de carbohidratos en el sur de Europa, en el sudeste asiático y en Norteamérica durante muchos años. A día de hoy, todavía sigue teniendo mucho peso en nuestra gastronomía debido al gran juego que dan en la cocina.

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En Nuts Alicante os proponemos diferentes usos que le podéis dar a la castaña, tanto para dulces como para salado.

  • Asadas o tostadas al horno. Para ello, recomendamos hacer un pequeña muesca en la corteza para que no revienten. Cuando estén blanditas, elimina la cáscara y la piel amarilla envolviéndolas y estrujándolas suavemente con un paño grueso.
  • Cocidas para repostería o para puré: Hiérvelas 5-10 minutos y déjalas enfriar. También puedes darle un toque especial de menta, hinojo u otras hierbas aromáticas. Además, el puré como guarnición, acompaña muy bien las carnes y el vino.
  • Como harina para rebozar, espesar salsas o para repostería.
  • Confitadas o al estilo francés: en marrón glacé, toda una exquisitez. Cuécelas en dos tiempos: primero la castaña entera con un poco de azúcar y, la segunda, peladas y en almíbar: añade huevo y especias. Una vez secas, espolvorea azúcar glas.
  • Bebida: hierve las castañas y lícualas.

Pero saber prepararlas no lo es todo. También hay que saber cómo conservarlas para que nos duren lo máximo posible. Lo ideal es mantenerlas en un lugar seco y fresco, aislado de insectos. Una vez están peladas y cocinadas, puedes meterlas en el frigorífico para que aguanten unos días más. Otra opción es la de congelarlas para mantener todas sus propiedades. Puedes hacerlo con castañas crudas o cocidas, eso sí, seis meses como máximo. Y para las castañas frescas, no hay nada mejor que colocarlas en cestos, pero nunca en bolsas de plástico porque enmohecerían.

Así que, crudas, hervidas, asadas o como a ti más te gusten, disfruta de las castañas sin tener que esperar a que nadie te las saque del fuego. Porque, en invierno, lo que más apetece, es el olor a castaña calentita y en su punto.